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martes, marzo 28, 2006

Ante la Reforma Migratoria

La semana pasada fue de temas y debates, manifestaciones multitudinarias a favor de los inmigrantes que desean legalizar su estatus migratorio en este país. El lunes 27 del presente el comité del Senado a cargo de este tema elaboró y presentó una propuesta para solucionar dicho problema. Aunque falta mucho camino por recorrer para que se cristalice algo favorable y definitivo creo que hay que tomar actitudes positivas para que no se vea a los inmigrantes latinos como a ciudadanos de tercera categoría.

Aunque si bien es cierto desafortunadamente el nivel educativo y cultural de estas comunidades no es lo mejor, sin embargo nuestras comunidades son laboriosas y esforzadas. Creo que los que tenemos algún tipo de liderazgo debemos motivar a las personas para que se superen día a día; aunque esto lleva tiempo y tiene su precio vale la pena el esfuerzo. El problema es que algunos enseñan o “predican” inclusive a transitar por el camino “del menor esfuerzo”, se ofrecen una serie de soluciones irreales, muchas de ellas inclusive contra los principios bíblicos.

El mensaje del evangelio nos permite conocer a Jesús como nuestro Rey (él es El Señor) y Salvador, la escritura nos dice que al estar en Cristo somos nuevas criaturas (2ª Corintios 5:17) y a partir de ahí todas las cosas viejas (malas, adversas, corruptas y negativas) van cambiando. Dios nos ofrece prosperarnos a medida que vamos siendo hacedores de su palabra (La Biblia), esta se debe oír y oír (Romanos 10:17), recibir, aprender y practicar (Santiago 1:21, 22).

El evangelio trae luz y esperanza, no es un mensaje religioso para paliar las necesidades de las personas; sino que ofrece un cambio de vida integral. Nuestras comunidades van a cambiar cuando la luz de Cristo resplandezca en los corazones de todas las personas y echemos mano de los recursos que Dios nos ofrece. Es entonces cuando la educación, la inversión económica y otras cosas se van a aprovechar realmente.

Mientras tanto, ante las respuestas favorables, por el momento, de las autoridades de gobierno, el pueblo de Dios hispano tiene una gran responsabilidad. Esta es testificar con sus acciones que somos realmente personas diferentes y que podemos vivir honesta, piadosamente y civilizadamente. Por otra parte cumplir con “La Gran Comisión” de ir y predicar el evangelio a toda criatura.

Bendiciones.

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